Can I call you her name?
Can I call you her name?
She was close
And she squeezed me very tightly
'Til I asked awfully politely
"Please, can I call you her name?
Arctic Monkeys “Cornerstone”.
El hombre estaba destrozado, el corazón lo tenía destruído después de haber traicionado al amor de su vida. Era invierno en las calles de Managua, es decir, que la lluvia no paraba de caer por varias semanas a la vez. Él la había seguido hasta Nicaragua porque, por sus fotos en Instagram clásicas de turista en su propio país, se dió cuenta de su paradero. La persiguió incansablemente, porque después de ese desplante que él mismo le causó a quién más amaba, comenzó a desarrollar una obsesión por su amada, y decidió perseguirla hasta el fin del mundo. En pocas palabras, al país de donde salen todos los diablos.
Era mediados de Junio, la época más lodosa y húmeda en esas zonas de la esfera. Hospedado en el famoso hotel pirámide, el Intercontinental, le nació salir a caminar solo de noche. Iba cuesta arriba, cuesta abajo… hasta que se encontró con las guapísimas damas de la noche de esa área. Él no hablaba bien español, a pesar de haber sido criado toda su vida en Brenham, Texas, un pueblón que no dice mucho, pero está lleno de mexicanos. Antes de salir a caminar, el pobre hombre se había emborrachado en su cuarto para ahogar sus penas de corazón roto; y qué “casualidad” que encontró servicio de putas callejeras para ver si encontraba a la que más se pareciera a ella, y ojalá entendiera inglés, ¡já! Si supiera que son las que más se educan en este país para llamar la atención de turistas. Sí, así están las cosas por esos lados.
Se encontró a una que tuviera cuerpo de mamá, como ella, la más clara de las morenas con la mirada profunda e intensa, y pelo natural color azabache. Le preguntó, Do you speak English? Ha! please… le respondió. How may I help you, handsome? El hombre perdido en la licuadora mental de whiskey y marihuana llorando por ella, le dijo: Look, you’re the one that looks the most like her… I’ll pay you $400 dollars a night… y con la voz quebrada le pidió… if you let me call you her name. El hombre en ese instante se partió en llantos… no pudo con tanta emoción que lo rebalsaba! Le lloró a la mujer de la noche, que casualmente esa noche llevaba puesto un mini vestido rojo encendido, y pintaba las uñas rojas al igual que sus labios. Ese color rojo… que le disparaba la memoria al hombre, puesto que era el color que mejor le quedaba a su amor. En la calle camino al Malecón de Managua encontró a su perfecta imitación.
En ese momento, Sonia, al escuchar esa oferta del estadounidense latino que le hablaba en inglés, no podía decirle que no, ese dinero le resolvería tantos problemas en casa, en especial los tratamientos especiales de su hijo único… que es autista. Sin embargo, lo que le pesaba a ella no era si abría o no las piernas, porque para eso estaba ahí. La situación que le combatía, era poder cargar con la carga emocional de un corazón partido con un hombre arrepentido caminando perdido por la calle. El hombre nuevamente le suplicó con más delicadeza a esta mujer que se quedaba callada ante semejante petición. Please! le rogó, Can I call you her name? Su voz se quebraba aún más en llanto. Ella por fin le dijo: no, you can’t… but I’ll go with you. Su intuición escorpiana que no le falla nunca, sintió un “jalón” en su corazón, una atracción inevitable, casi enamoramiento instantáneo. Ella jugó muy bien su papel al no presentar ninguna emoción. Abrió su carterita de Chanel imitación y llamó a su amigo, el taxista homosexual. Él era su mejor amigo con el cuerpo del tamaño de un mastodonte, y además era negro… lo cual sumaba al factor intimidante de su persona que servía para protegerla. Eran como familia, vivían juntos para compartir gastos, y el hijo lo veía con mucho cariño.
Abrió la pantalla de su teléfono y le dijo al hombre: where are you staying? Él le contestó, I’m at the hotel that looks like a pyramid. Okay, that’s very close, le respondió. En eso el taxista le contestó el teléfono, y le dijo, Gerardo, llevanos al “inter”. Estaba parqueado bien cerca el taxista, así que en cuestión de un par de minutos ya estaban montados en el carro. En el camino ella le preguntó: So what’s your story? En eso el hombre se desborda contando su historia, de cómo se había enamorado de una nicaragüense a la distancia, que ambos eran grandes amantes del ocultismo, pero que él había cometido el error de irse con otra mujer… y mientras Sonia escuchaba al hombre hablar su historia, más se enamoraba de él.
Ella presentía que esa noche con ese cliente en particular no iba a ser como cualquier otra. Ella, sin intención alguna, lo hallaba cada vez más irresistible. Claro, el hombre ariano sexy la estaba volviendo loca a medida que lo escuchaba hablar. Era como si las palabras de ese hombre fueran proféticas y ella se sentía completamente envuelta en su discurso. Naturalmente, el hombre era gran conocedor de la astrología y alquimia tradicional, al igual que alta magia. La mujer de la vida de ese hombre era una gran sacerdotisa conectada con espíritus planetarios. Ese viaje en el taxi con ese hombre que le hablaba de un gran amor a otra mujer la marcó para siempre. Ella se sentía dichosa que al parecerse tanto a una mujer así, pudo conocer un amor tan grande, aunque no fuera correspondido. Fue el viaje más largo de su vida, a pesar de no haber durado más de quince minutos. La mujer prostituta, maestra manipuladora emocional, por alguna razón no se encontraba capaz de manipular a este hombre, se estaba enamorando de él a sabiendas que ese encuentro no iba a pasar a más de esa noche previamente pagada. En ese momento, Sonia se dio cuenta que el hombre de corazón puro enamorado de otra mujer, estaba destinado a romperle el corazón esa misma noche. Andrés era su karma, por haber manipulado a tantos hombres en su vida para sacarles el mayor provecho. Al llegar al cuarto del hotel Andrés le preguntó por última vez, Can I call you her name? Ella… completamente envuelta enamorada en la energía de este hombre, por fin le dijo, you can call me anything you want.
La voz de Sonia se escuchaba corta de aire, estaba comenzando a llorar, porque sabía que en ese momento ella se auto traicionaba al romper su única regla de negocio: no enamorarse de sus clientes. Pero ya era demasiado tarde para Sonia, ella ya estaba locamente perdida enamorada de su cliente, el mundo de lo oculto que le platicaba este hombre la sedujo tanto que su hilo dental rojo lo tenía bastante mojado… más de lo normal. Su corazón palpitaba mientras este hombre la besaba mientras mencionaba el nombre de su amada, Mariana. Andrés le pidió que bailara para él y que se quitara la ropa… que le iba a pagar más. Sonia con mucho gusto accedió, como si estuviera hechizada por las palabras de ese hombre. Ella obedecía su palabra como si fuera sagrada, esa noche, ese hombre se convirtió en su santo.
Ella le comenzó a bailar, estaba sonando en la radio del hotel música reguetón en época de sus inicios. Sonia se movía apasionadamente a medida que se quitaba la ropa para su amado que había conocido hace pocas horas. Él, que ya miraba turbio, no le fue tan difícil imaginarse el rostro y el cuerpo de Mariana en la prostituta que ya había pagado. Andrés pronto tuvo una erección al ver a la mujer que le bailaba, imaginando que era su amor perdido. Se levantó de su silla, la agarró del culo y le susurró apasionadamente al oído: if you only knew how much I love you, all I want to do is make love to you and never let you go… aquel hombre se inspiraba hablando de su Mariana a la oreja de Sonia mientras le rozaba suavemente la piel con las puntas de los dedos a esa mujer de la noche. Sonia no podía evitar enamorarse más de Andrés a medida que pasaba la noche. Ella se dejó dominar por ese hombre que sólo la usaba para encarnar falsamente el sueño de una mujer. Ella sabía racionalmente que todo era mentira, pero emocionalmente, también sabía que sería la única oportunidad en su vida de saborear el amor puro e incondicional de un hombre, aunque no fuera para ella.
Este hombre, de edad alrededor de los veintiocho años, se la metió tan duro que hasta la hizo sangrar de su vagina. Afortunadamente, el caballero era muy bien dotado en cuánto a su miembro, y además lo sabía usar muy bien. Sonía no hacía más que gritar del dolor y el placer, aunque sufriera más en su alma al oír que este hombre… la llamaba por otro nombre. Eso para ella fue más doloroso que cualquier práctica sadista que había experimentado con otros clientes. Definitivamente que este hombre era un ángel para ella, posiblemente de los caídos, enviado para ella por el universo, para que sintiera la máxima expresión de dolor físico y del alma, que al mismo tiempo para que le causara el placer más grande de su vida a su máxima expresión, porque hizo lo que nunca debió hacer… entregar su corazón. Lamentablemente no había manera para que Sonia pudiera evitar esta experiencia, Andrés era tanto su bendición como su castigo divino, él era su destino.
Andrés, al terminar de cogérsela, y haberse venido dentro de ella con todas sus fuerzas pensando en la otra mujer; le pidió a Sonia que se vistiera, que se fuera, y que le iba a pagar propina extra. Esa noche, ella se fue a su casa con un total de novecientos dólares, y con lágrimas en los ojos. Estaba sentada en el taxi de Gerardo, callada, mirando hacia el vacío por la ventana del vehículo. No podía creer lo que había sucedido, lo que había vivido. Jamás se imaginó que se acostaría con un hombre con grandes capacidades de amar, y que encima fuera intencionalmente no correspondido.
Al día siguiente, Andrés tenía que ir al aeropuerto a las tres de la tarde. Estaba decidido de regresar a Estados Unidos para volverse un empresario, y poder volver a buscar a su amada Mariana cuando ya tuviera cierto capital en el banco, esto no fue más que una pequeña batalla perdida, porque él no estaba dispuesto a rendirse hasta poder conquistar al amor de su vida, cueste lo que le cueste.
Pasaron las semanas, y Sonia se sentía cada vez más decaída… no pasaban los días sin que ella se sintiera con un sueño pesado y rezagado. Ella lo atribuía a que estaba cayendo en depresión porque no dejaba de extrañar a aquel hombre que le hizo ver las estrellas y nunca olvidarlas. Se quedaba dormida en la calle, por las esquinas de su casa… hasta que un día lloró tanto por la noche que hasta vomitó. Mmm… le dijo Gerardo, eso lo veo raro, andá revisate, comprate una prueba de embarazo. Sonia entró en estado de shock, nunca se le ocurrió todo este tiempo que todo lo que estaba sintiendo eran síntomas de embarazo. Salió rápido corriendo a la farmacia más cercana. Se compró la prueba más barata. Se regresó a su casa y lo primero que hizo fue ir al baño a orinar en el palito. Esos eran los 3 minutos más largos al ver cómo se marcaba la primera línea… y luego la otra. No… puede… ser, pensó. Muy por encima del caos que esta noticia le traería a su vida, porque obviamente tendría que jugársela nuevamente como madre embarazada y soltera; aún así, muy en el fondo ella sonreía en silencio.
A las ocho semanas, Gerardo, su mejor amigo, la llevó a una clínica para que le hicieran prueba de sangre para saber el sexo del bebé. Ella ya había decidido llevar el embarazo a cabo a pesar de las dificultades que le esperaban. La enfermera que le hizo la prueba le dijo, en tres días usted recibirá por correo electrónico los resultados. Cuando llegó ese día, vio el mensaje de la clínica en su bandeja de entrada. Era niña. ¿Y qué nombre le vas a poner a la niña? Le preguntó Gerardo. Se quedó pensando un momento, y le respondió después de una pausa: se llamará Mariana, como la mujer que amó el amor de mi vida.
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